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"cuando
el miedo llega a la oficina"
El Correo
Gallego."
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 Eva Ventín |
Más de 400 gallegos denuncian al año que
sufren acoso laboral
La asociación Agacamt lamenta que el TSXG "sólo dicta un 10% de
sentencias favorables al trabajador" ·· Las víctimas hablan de
"gritos, insultos e incluso agresiones físicas" ·· Sus jefes se
han convertido en sus "mediocres carceleros"
De repente, la oficina se
convierte en su prisión: con el jefe como carcelero y los compañeros
ejerciendo de secuaces. La vida de la víctima del acoso moral cambiará a
partir de entonces. Aunque las circunstancias adversas se superen, ya no
volverá a ser la misma de siempre. Más de 400 gallegos denuncian al año
que sufren mobbing, ante la Asociación Gallega de Acoso Moral en
el Trabajo (Agacamt). El mobbing no existe como figura judicial.
Y al trabajador no le queda otra salida que pedir el despido improcedente,
e indemnizaciones por daños a la salud.
La víctima intenta escapar de las
celdas laborales. Pero también puede darse de bruces con los muros de la
Justicia. Según Eva Ventín, presidenta de Agacamt, "ante el Tribunal
Superior de Xustiza sólo obtenemos un 10% de sentencias favorables al
trabajador, frente al 30% que logran en el resto de España".
Incluso en primera instancia, los
acosados se encuentran con obstáculos. En una ciudad como Vigo, el 70% de
las sentencias resultan desfavorables. Ventín reconoce que "la gente tiene
miedo a denunciar, llega desanimada". Y en los tribunales, "pueden
denegarse pruebas como las grabaciones, se desvaloran los documentos
médicos, sobre todo, si proceden de la sanidad privada". Cuando llega a
los juzgados, la víctima debe prepararse para un auténtico vía crucis:
"Se encuentra en indefensión, los psiquiatras del Sergas ni siquiera
tienen medios para detectar el mobbing. El proceso judicial será
muy duro, y casi imposible ganar".
Y en Galicia: más conservadurismo.
"Los jueces aún no son capaces de conectar con la sensibilidad ciudadana",
lamenta la presidenta de Agacamt. Los mayores cotos de caza para los
acosadores: las administraciones públicas. Según Ventín, "aquí los
funcionarios cuentan con el agravante de la indefensión, la Administración
dispone de recursos económicos para recurrir las sentencias y llegar a
Estrasburgo". Y en el 90% de los casos la administración no ejecuta la
sentencia, aunque sea favorable a la víctima. ¿Por qué el mobbing
cae como una bomba en el funcionariado? "No hay otro mecanismo de despido,
el caldo de cultivo del acoso es el trabajo fijo", sentencia Agacamt.
Narcisista e incompetente
En el infierno laboral, la víctima
puede encontrarse dos tipos de acosadores. "Tenemos al empresario que
quiere ahorrarse los costes del despido, y que recurre a hacerle la vida
imposible al trabajador", explican desde Agacamt. Este emprendedor
pertenecería a "una clase empresarial que involuciona, sin cultura
preventiva". Pero el auténtico enemigo se encuentra en "aquel superior o
compañero de trabajo que se sabe incompetente y mediocre". Este acosador
tiene miedo a que lo superen: es narcisista y ve al compañero como una
amenaza, "y se siente desplazado porque se sabe inferior".
Como se siente inseguro, el
acosador pasará al ataque. Aquí empieza el calvario del acosado, que
tendrá que prepararse para todo. "Se le ningunea, no se le saluda, se le
retiran las funciones, le aumentan las tareas por encima de lo permisible,
lo denigran y poco a poco los compañeros le hacen el vacío", analiza
Ventín. Como presidenta de Agacamt, ha escuchado auténticos relatos de
terror. Algunas víctimas incluso sufrieron agresiones físicas.
"Aquí llegó una persona a la que le había pegado
su jefe. Pero no tenía testigos ni parte de Urgencias. Tras la paliza tuvo
que dejar su trabajo y perder sus derechos", relata Eva Ventín. Tan
terrible historia va acompañada de vejaciones sutiles por parte del
"mediocre carcelero". El acosador convence a los compañeros "para que no
hablen a la víctima, ni tomen un café con ella". Y así pueden pasar dos
años: hasta que la olla a presión se desborda de violencia. Queda un
resquicio de esperanza en aquellas empresas gallegas que ponen freno al
acosador: defendiendo a la víctima y renegando del maltrato.
SARA GARCÍA, EMPLEADA DE UNA
PANADERÍA
"Ya nadie me saluda en el trabajo,
soy invisible"
Como Sara tiene serios problemas
de visión, su jefe colgó una sentencia desfavorable a la trabajadora "en
una pared y subrayada en fluorescente". Esta empleada de una panadería
coruñesa, en convenio con una asociación de minusválidos, soporta desde
hace cuatro años gritos y vejaciones.
Todo empezó cuando la eligieron
delegada de UGT. Al principio, Sara García no daba importancia "a las
marginaciones y humillaciones". Hasta que su jefe le pidió que rebajase
sus condiciones laborales, y ella se negó. A partir de ahí, "me cambió
de puesto y me prohibió que me dirigiese a él, pero él me gritaba y me
acorralaba". Con el tiempo, no le permitieron que hablase con los
compañeros. Y cada vez que llega a la panadería, "nadie me saluda y me
tratan como si fuera invisible, una presa o una infecta, cada día es un
suplicio".
Empezaron las devaluaciones de su trabajo: la
encargada la vigilaba constantemente y "el jefe se sentaba a mirarme
mientras fregaba los baños". Sara pidió una baja y denunció a la empresa
por acoso laboral. Pero una sentencia desfavorable la ha devuelto a "un
trabajo que me hace falta, porque tengo 48 años y necesito el dinero".
Las humillaciones se suceden: poesías escritas por Sara aparecieron
tiradas en el suelo del baño, el jefe avisó con sancionar a la
trabajadora, y después la denunció por amenazas. "Mi jefe incluso
denunció a mi hijo por amenazarlo con un destornillador, inventándolo
todo", lamenta Sara. Reconoce que "no me queda confianza, pero lucharé
por mis derechos".
ENEMIGO AL LADO
Cuando repercute a fondo en la
salud
Aunque sobrepase el episodio del
acoso, la víctima se volverá "más vigilante y desconfiada". Los
transtornos postraumáticos pueden acarrear problemas de salud a largo
plazo. "Hay gente que cinco años después desarrolló cáncer de útero o de
pecho, o problemas de corazón. El cuerpo humano es un misterio", indica
Eva Ventín.
Compañeros como "agentes
dobles"
Según Agacamt, "es muy difícil
que los compañeros te apoyen". Suelen hacer de correa de transmisión:
"Caen en la rumorología, transmiten a la víctima lo que piensa el jefe,
se convierten en cómplices del acosador y en agentes dobles". Y cuando
el jefe ataca, ellos se sienten superiores: "Se arriman al superior
porque son mediocres".
Guerra psicológica que
entra en casa
El acosado debe contar con el
apoyo familiar "para evitar que la guerra psicológica entre en casa".
Agacamt sugiere que "siempre haga pública su situación ante los amigos,
que se desahogue". La entidad acusa a "aquellos compañeros que a río
revuelto sacan ganancia de pescadores, que sacan tajada del acoso".
La importancia de la
cultura preventiva
El mobbing sólo puede
erradicarse con la colaboración de los empresarios, con una mayor
cultura preventiva. "Sólo con el bienestar de los trabajadores se logra
un mayor rendimiento", indica Agacamt. Con este objetivo, el empresario
debe establecer una serie de procolos para evitar el acoso en el
trabajo.
Sufren los mejores, los más
preparados
Siempre sufren mobbing
"los mejores profesionales, los más preparados porque generan envidias".
Ante el acoso: "soluciones dentro de la empresa". Sólo así el
mobbing puede resolverse de modo no traumático, sin recurrir a los
juzgados. Agacamt recomienda que "los empresarios eviten abusos de poder
y el mal ambiente en la oficina".
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